LEYENDA DE CHALMA

Huasteca

Región Huasteca

Historias y tradición oral que forman parte de la memoria cultural de Chalma.

Escudo de ChalmaChalmaVERACRUZ
Los nahuales de los caminos de Chalma
TRADICIÓN ORAL

Los nahuales de los caminos de Chalma

En Chalma, al norte de Veracruz, los caminos comunican desde hace generaciones a pequeñas comunidades nahuas asentadas entre cerros, arroyos y tierras de cultivo. Localidades como San Pedro Coyutla, Zapotitla, Acatzintla y otras poblaciones conservan una importante presencia cultural nahua. El INPI identifica numerosas comunidades nahuas dentro del municipio, mientras que el Museo Nacional de Antropología reconoce específicamente a San Pedro Coyutla como una comunidad nahua de la Huasteca Veracruzana.

En este paisaje se inscriben las historias acerca de los nahuales, seres que, según una antigua creencia mesoamericana extendida por distintas regiones de Veracruz, poseen una relación sobrenatural con determinados animales y, en las narraciones populares, pueden adoptar su apariencia.

Los mayores advertían que la noche no era buena hora para recorrer a solas los caminos.

Cuando desaparecía la última claridad del día y las viviendas quedaban atrás, el campo parecía transformarse. Los sonidos conocidos se volvían diferentes: las ramas que se quebraban entre la maleza, el ladrido lejano de los perros o los pasos de algún animal podían hacer que el caminante apresurara el paso.

Era entonces cuando, según los relatos, podían encontrarse los nahuales.

Se decía que algunas personas poseían conocimientos que los demás desconocían. Durante el día llevaban una existencia semejante a la de cualquier vecino, pero al llegar determinadas noches podían recorrer los alrededores bajo la apariencia de un animal.

Un perro negro extraordinariamente grande era una de las formas que con mayor frecuencia se atribuía a estas apariciones en las leyendas veracruzanas sobre nahuales. También podían relacionarse con otros animales, dependiendo de la tradición de cada comunidad. La creencia en nahuales transformados en animales tiene antecedentes antiguos y continúa apareciendo en relatos populares de Veracruz.

Una de las historias transmitidas alrededor de estos encuentros habla de un hombre que regresaba a su comunidad después de haber pasado el día fuera.

La noche lo alcanzó antes de llegar a casa.

Conocía perfectamente el camino y por ello no estaba preocupado. Había recorrido aquellas veredas muchas veces, incluso después del anochecer.

Pero aquella noche escuchó algo detrás de él.

Eran pasos.

Se detuvo.

Los pasos también se detuvieron.

Pensando que podía tratarse de otro caminante, continuó avanzando. Poco después volvió a escucharlos.

Esta vez parecían más cercanos.

Cuando finalmente miró hacia atrás distinguió, en medio de la oscuridad, la silueta de un enorme perro.

El animal permanecía inmóvil.

El hombre siguió caminando y el perro comenzó a seguirlo.

Cada vez que aceleraba, el animal hacía lo mismo. Si se detenía, aquella criatura también se detenía.

Lo extraño era que nunca ladraba.

El caminante intentó espantarlo, pero el animal no huyó. Tampoco parecía dispuesto a atacarlo. Simplemente permanecía a cierta distancia, observándolo.

Entonces recordó las advertencias de los mayores.

No debía provocarlo.

Continuó avanzando sin volver a mirarlo directamente.

Al aproximarse a las primeras viviendas escuchó nuevamente los pasos. Después, silencio.

Cuando tuvo suficiente valor para volverse, el enorme perro había desaparecido.

A la mañana siguiente contó lo ocurrido.

Algunos dijeron que probablemente había sido un animal perdido. Otros, en cambio, le preguntaron dónde exactamente lo había encontrado y a qué hora había sucedido.

Cuando describió el lugar, uno de los ancianos respondió que por aquellos caminos ya se habían contado historias semejantes.

Para ellos existía una diferencia entre encontrarse con un perro y encontrarse con algo que solamente parecía un perro.

Los nahuales, según la tradición popular, podían desplazarse durante la noche sin revelar quiénes eran durante el día. Por eso también se recomendaba no perseguirlos ni intentar descubrir la identidad de la persona que supuestamente se encontraba detrás de la transformación.

Con los años surgieron distintas historias.

Había quienes aseguraban haber escuchado animales correr alrededor de sus casas durante la madrugada y quienes contaban haber encontrado enormes perros en caminos donde momentos antes no había absolutamente nada.

Otros relatos hablaban de animales que parecían acompañar al viajero durante largos trayectos para desaparecer repentinamente al aproximarse a una comunidad.

No todas las historias describían al nahual necesariamente como una criatura maligna. Dentro del complejo concepto mesoamericano del nahual existen interpretaciones mucho más amplias que la imagen moderna del hechicero convertido en animal. Sin embargo, en las leyendas populares terminó predominando la figura misteriosa del individuo capaz de adoptar una apariencia animal durante la noche.

En Chalma, estas narraciones encuentran un escenario especialmente significativo por la continuidad de su cultura nahua.

La lengua náhuatl permanece presente en el municipio y las instituciones culturales reconocen la conservación de conocimientos transmitidos de generación en generación. En San Pedro Coyutla, por ejemplo, continúan prácticas ancestrales como la elaboración del quechquémitl en telar de cintura; sus diseños incorporan elementos de la fauna y de la cosmovisión de la comunidad.

Así, los relatos de los caminos forman parte de un universo cultural mucho mayor en el que la naturaleza, los animales, la noche y las antiguas creencias se encuentran profundamente relacionados.

Todavía hoy, cuando se habla de nahuales en las comunidades de la Huasteca, las historias suelen dividir a quienes las escuchan.

Unos aseguran que solamente son cuentos de los abuelos.

Otros prefieren no discutirlo.

Porque cuando cae completamente la noche y alguien tiene que atravesar un camino solitario, resulta difícil no recordar aquellas advertencias.

Y si detrás del caminante comienzan a escucharse pasos que se detienen exactamente cuando él se detiene, quizá lo más prudente sea continuar hasta llegar a casa.

Sin intentar descubrir qué viene caminando detrás.
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