Los Voladores Que Subieron Al Cielo
Cuenta una antigua leyenda de los totonacos del norte que, durante una gran celebración, cuatro Voladores y su capitán subieron hasta lo alto del mástil para realizar la ceremonia tradicional. Todo parecía desarrollarse normalmente mientras sonaban la flauta y el tambor.
Cuando comenzó el vuelo ocurrió algo extraordinario. El cuadro giratorio, las cuerdas y los cinco danzantes se desprendieron del mástil y comenzaron a elevarse hacia el cielo. En lugar de descender hacia la tierra, continuaron ascendiendo mientras giraban hasta desaparecer en dirección al oriente.
Los habitantes quedaron sorprendidos. Pasaron los días sin que los Voladores regresaran y, convencidos de que se habían marchado para siempre, decidieron derribar el palo del Volador.
Sin embargo, tiempo después volvió a escucharse desde las alturas el sonido de la flauta y el tambor.
Los Voladores estaban regresando.
Descendían desde el cielo como si fueran aves, girando nuevamente con sus cuerdas. Pero cuando llegaron al lugar de donde habían partido descubrieron que el mástil había sido retirado y ya no tenían dónde posarse.
Sin poder regresar a la tierra, volvieron a elevarse hacia el cielo y desaparecieron definitivamente.
Otra variante de esta tradición cuenta que los Voladores habían ascendido durante una época de terrible sequía. Después de llegar al cielo se transformaron en dioses o espíritus de la lluvia, encargados de traer agua desde el mar, formar las nubes y regar la tierra.
Desde entonces quedó una antigua enseñanza: el palo del Volador no debía derribarse inmediatamente después de una fiesta, porque los danzantes podían regresar del cielo y necesitarlo para volver a la tierra.
Así nació la historia de Los Voladores que Subieron al Cielo, una leyenda conocida entre pueblos totonacos, nahuas y huastecos de la región del Golfo de México.
Cuando comenzó el vuelo ocurrió algo extraordinario. El cuadro giratorio, las cuerdas y los cinco danzantes se desprendieron del mástil y comenzaron a elevarse hacia el cielo. En lugar de descender hacia la tierra, continuaron ascendiendo mientras giraban hasta desaparecer en dirección al oriente.
Los habitantes quedaron sorprendidos. Pasaron los días sin que los Voladores regresaran y, convencidos de que se habían marchado para siempre, decidieron derribar el palo del Volador.
Sin embargo, tiempo después volvió a escucharse desde las alturas el sonido de la flauta y el tambor.
Los Voladores estaban regresando.
Descendían desde el cielo como si fueran aves, girando nuevamente con sus cuerdas. Pero cuando llegaron al lugar de donde habían partido descubrieron que el mástil había sido retirado y ya no tenían dónde posarse.
Sin poder regresar a la tierra, volvieron a elevarse hacia el cielo y desaparecieron definitivamente.
Otra variante de esta tradición cuenta que los Voladores habían ascendido durante una época de terrible sequía. Después de llegar al cielo se transformaron en dioses o espíritus de la lluvia, encargados de traer agua desde el mar, formar las nubes y regar la tierra.
Desde entonces quedó una antigua enseñanza: el palo del Volador no debía derribarse inmediatamente después de una fiesta, porque los danzantes podían regresar del cielo y necesitarlo para volver a la tierra.
Así nació la historia de Los Voladores que Subieron al Cielo, una leyenda conocida entre pueblos totonacos, nahuas y huastecos de la región del Golfo de México.
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