LEYENDA DE ISLA

Los Tuxtlas

Región Los Tuxtlas

Historias y tradición oral que forman parte de la memoria cultural de Isla.

Escudo de IslaIslaVERACRUZ
La Tradición Oral del Campo y los Caminos
TRADICIÓN ORAL

La Tradición Oral del Campo y los Caminos

Mucho antes de que Isla adquiriera la categoría de municipio libre, los caminos ya formaban parte de la vida cotidiana de quienes habitaban esta región de las llanuras del Sotavento.

Eran caminos entre sembradíos, potreros y pequeñas comunidades.

Por ellos transitaban campesinos que comenzaban su jornada antes de salir el sol, familias que viajaban hacia poblaciones cercanas, trabajadores del campo y comerciantes que transportaban productos obtenidos de aquellas tierras.

El territorio de Isla quedó profundamente ligado a la agricultura. El maíz, el frijol y especialmente la piña forman parte de su historia productiva, hasta convertirse los campos agrícolas en uno de los paisajes más característicos del municipio. Documentos oficiales señalan incluso las vistas de los campos de piña como uno de los elementos representativos de su espacio rural.

Pero los caminos servían para algo más que trasladarse.

También llevaban historias.

Después de trabajar durante horas bajo el sol, las personas regresaban a sus comunidades y contaban lo ocurrido durante el día. En las casas, reuniones familiares y encuentros entre vecinos se hablaba de acontecimientos recientes, de personas que habían vivido muchos años atrás y de lugares que todos conocían.

Los mayores recordaban cómo eran los terrenos antes de que aparecieran nuevos caminos.

Contaban quién había trabajado determinada parcela.

Recordaban las temporadas buenas y las malas.

Hablaban de inundaciones, cosechas, animales, fiestas y sucesos extraordinarios que habían escuchado de sus propios padres y abuelos.

Así funcionaba la tradición oral.

Una historia pasaba de una persona a otra sin necesidad de encontrarse escrita en ningún libro.

Y cada camino tenía sus recuerdos.

Había sitios que los campesinos conocían perfectamente durante el día, pero que parecían completamente diferentes cuando regresaban después del anochecer.

La oscuridad cubría los sembradíos.

Los árboles adquirían formas extrañas.

Los sonidos de los animales podían escucharse a gran distancia.

Y cualquier movimiento entre la vegetación era suficiente para despertar las antiguas historias.

Entonces aparecían los relatos sobre sombras, animales misteriosos, luces lejanas, sonidos inexplicables o caminantes que creían sentir alguna presencia siguiéndolos.

No existe evidencia documental que permita afirmar que esos episodios constituyan una leyenda específica de Isla. Son precisamente el tipo de historias que forman parte de la tradición oral de numerosos ambientes rurales y que pueden cambiar dependiendo de quién las cuenta.

Un abuelo podía recordar algo ocurrido cuando era joven.

Después se lo contaba a sus hijos.

Los hijos repetían aquella historia muchos años más tarde.

Y los nietos terminaban conociendo un acontecimiento sucedido antes de que ellos hubieran nacido.

De esa manera, la palabra se convertía en memoria.

Esta forma de transmisión tiene especial importancia en Isla porque su patrimonio cultural continúa estrechamente relacionado con los conocimientos heredados de generación en generación. El documento municipal identifica expresamente los ciclos agrícolas, lenguaje, música, festividades, medicina tradicional y otros saberes como componentes de ese patrimonio.

También existe una importante presencia indígena.

En el territorio municipal se encuentran seis comunidades chinantecas, cuyas tradiciones contribuyen al patrimonio cultural inmaterial de Isla. Incluso se han desarrollado acciones educativas para preservar la lectura y escritura de la lengua chinanteca y fomentar la educación bilingüe.

Las historias del campo convivieron además con otra tradición fundamental del Sotavento:

el son jarocho.

En localidades como El Ñape, Palo Blanco, Los Sardos, Mazoco y Ciudad Isla todavía se ha registrado la conservación de esta música. Los músicos no solamente interpretan sones y canciones: también transmiten sus conocimientos a nuevas generaciones, convirtiendo la música en otra forma de conservar la memoria de las comunidades.

Así, algunas historias podían ser contadas mientras otras terminaban convertidas en versos y canciones.

El campo proporcionaba los personajes.

Los caminos proporcionaban los encuentros.

Las comunidades conservaban los recuerdos.

Y la palabra hacía posible que todo aquello sobreviviera.

Incluso la historia moderna de Isla está marcada por los caminos y las comunicaciones. El municipio surgió alrededor de la antigua hacienda de Tacamahuixtal y de la estación del ferrocarril Veracruz-Suchiate, conocida como Estación Isla. Con el crecimiento del asentamiento, aquel nombre terminó identificando primero a la población y después al municipio, creado en 1967.

Por aquellos caminos rurales y posteriormente por las nuevas vías continuaron circulando personas, mercancías y también historias.

Algunas seguramente desaparecieron con quienes las conocían.

Otras permanecieron dentro de las familias.

Y muchas quizá continúan esperando ser recopiladas.

Por eso, La Tradición Oral del Campo y los Caminos de Isla no debe entenderse como una sola leyenda protagonizada por un personaje determinado.

Es algo mucho más amplio.

Es la memoria de los campesinos que trabajaron aquellas tierras.

Las historias escuchadas durante las jornadas agrícolas.

Los relatos contados al regresar a casa.

Los recuerdos de las comunidades chinantecas.

Los versos de los músicos.

Las historias que nacieron alrededor de los sembradíos y fueron recorriendo los caminos de una comunidad a otra.

Cuando un abuelo cuenta algo que escuchó de sus propios mayores, una parte de aquel mundo vuelve a existir.

Cuando un campesino señala un viejo camino y recuerda quién transitaba por allí décadas atrás, el paisaje deja de ser solamente tierra y vegetación.

Se convierte en memoria.

Y mientras esas historias continúen contándose entre las familias y comunidades de Isla, Veracruz, los antiguos caminos del campo seguirán llevando algo más que viajeros:

seguirán llevando las voces de quienes los recorrieron antes.
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