La Doncella Nizín Y El Pocito De Nacaquinia
Cuenta una antigua leyenda de Misantla que en la región vivía una hermosa doncella totonaca llamada Nizín, identificada en otras versiones del relato como Xanat. La joven pertenecía a una familia de origen totonaca y habitaba en las tierras de Nacaquinia. La Universidad Veracruzana registra precisamente a Nizín como la doncella cuyo llanto dio origen al famoso pocito.
Cierto día llegó a aquellas tierras un joven guerrero mexica llamado Milajahuat —también escrito Kilajahuat en algunas versiones—. Había llegado con propósitos de conquista y con la intención de obtener méritos para el señorío de su padre.
Pero cuando el guerrero conoció a la hermosa doncella, sus planes cambiaron. Milajahuat y Nizín se enamoraron, y aquel amor hizo que el joven perdiera interés en continuar la conquista de esas tierras.
El guerrero, sin embargo, debía demostrar su valor. Por ello tuvo que abandonar Nacaquinia y marchar hacia otras regiones para combatir y conseguir los méritos que buscaba.
Nizín permaneció esperando su regreso.
El tiempo pasó hasta que finalmente llegaron noticias terribles: Milajahuat había muerto en una batalla.
Al conocer la muerte de su amado, la doncella quedó destrozada. Se dirigió al lugar donde acostumbraba recordarlo y comenzó a llorar. La tradición cuenta que fueron tantas sus lágrimas que comenzaron a correr sobre la tierra formando un pequeño torrente.
Nizín lloró durante tanto tiempo que aquellas lágrimas terminaron convirtiéndose en un manantial de aguas cristalinas.
Así habría nacido el Pocito de Nacaquinia.
Una de las versiones más extensas agrega que la joven finalmente murió junto al manantial, consumida por la tristeza de haber perdido a su amado. En el sitio donde murió habría brotado una flor de palmón, considerada símbolo de su pureza.
Desde entonces, las aguas del Pocito de Nacaquinia representan para los misantecos aquel amor que ni siquiera la muerte pudo borrar. Incluso existe la tradición de que quien bebe de sus aguas regresará algún día a Misantla.
El pocito existe actualmente en el tradicional barrio de Nacaquinia, y cada 3 de mayo forma parte de la celebración de los pocitos, cuando el lugar es adornado con flores y se recuerda una de las leyendas más representativas de Misantla.
Así permanece viva la historia de Nizín y Milajahuat, dos enamorados separados por la guerra, y de las lágrimas de una doncella que, según la tradición, continúan brotando convertidas en las aguas del Pocito de Nacaquinia.
Cierto día llegó a aquellas tierras un joven guerrero mexica llamado Milajahuat —también escrito Kilajahuat en algunas versiones—. Había llegado con propósitos de conquista y con la intención de obtener méritos para el señorío de su padre.
Pero cuando el guerrero conoció a la hermosa doncella, sus planes cambiaron. Milajahuat y Nizín se enamoraron, y aquel amor hizo que el joven perdiera interés en continuar la conquista de esas tierras.
El guerrero, sin embargo, debía demostrar su valor. Por ello tuvo que abandonar Nacaquinia y marchar hacia otras regiones para combatir y conseguir los méritos que buscaba.
Nizín permaneció esperando su regreso.
El tiempo pasó hasta que finalmente llegaron noticias terribles: Milajahuat había muerto en una batalla.
Al conocer la muerte de su amado, la doncella quedó destrozada. Se dirigió al lugar donde acostumbraba recordarlo y comenzó a llorar. La tradición cuenta que fueron tantas sus lágrimas que comenzaron a correr sobre la tierra formando un pequeño torrente.
Nizín lloró durante tanto tiempo que aquellas lágrimas terminaron convirtiéndose en un manantial de aguas cristalinas.
Así habría nacido el Pocito de Nacaquinia.
Una de las versiones más extensas agrega que la joven finalmente murió junto al manantial, consumida por la tristeza de haber perdido a su amado. En el sitio donde murió habría brotado una flor de palmón, considerada símbolo de su pureza.
Desde entonces, las aguas del Pocito de Nacaquinia representan para los misantecos aquel amor que ni siquiera la muerte pudo borrar. Incluso existe la tradición de que quien bebe de sus aguas regresará algún día a Misantla.
El pocito existe actualmente en el tradicional barrio de Nacaquinia, y cada 3 de mayo forma parte de la celebración de los pocitos, cuando el lugar es adornado con flores y se recuerda una de las leyendas más representativas de Misantla.
Así permanece viva la historia de Nizín y Milajahuat, dos enamorados separados por la guerra, y de las lágrimas de una doncella que, según la tradición, continúan brotando convertidas en las aguas del Pocito de Nacaquinia.
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