La Palabra Zapoteca de Santiago Sochiapan
La historia comienza mucho antes de que Santiago Sochiapan existiera como municipio independiente.
Entre los siglos XVII y XVIII, familias zapotecas procedentes de la sierra de Oaxaca llegaron a esta parte del actual territorio veracruzano buscando un lugar donde establecerse. La historia municipal sitúa la fundación de Xochiapa entre 1600 y 1650 y atribuye su establecimiento a pobladores zapotecas provenientes de Oaxaca.
Aquellos primeros habitantes llevaron consigo mucho más que sus pertenencias.
Trajeron sus costumbres, sus conocimientos, sus celebraciones y, especialmente, su palabra.
El zapoteco se convirtió en una de las formas mediante las cuales las familias nombraron el territorio que encontraron. Con él hablaron de los caminos, los ríos, las plantas, los animales, las cosechas y las personas. Fue también la lengua utilizada dentro de las casas y transmitida de padres a hijos.
Con el paso de las generaciones, las palabras pronunciadas por aquellos primeros pobladores continuaron escuchándose en Xochiapa y en las comunidades cercanas.
Y así ocurrió algo extraordinario sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural:
la palabra sobrevivió.
Los años cambiaron el territorio. Llegaron nuevas generaciones, crecieron las comunidades y el español adquirió cada vez mayor presencia, pero el zapoteco continuó formando parte de la vida de muchas familias.
La importancia de esta herencia lingüística está documentada actualmente. El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) reconoce que las variantes del zapoteco tienen presencia histórica no solamente en Oaxaca, sino también en el sur de Veracruz, específicamente en los municipios de Santiago Sochiapan y Playa Vicente.
En Santiago Sochiapan se conserva una variante vinculada con el zapoteco del oeste de Tuxtepec, identificada como diza shisa' / diza shitsa. El propio INALI cuenta con registros lingüísticos realizados directamente con hablantes de la comunidad de Santiago Sochiapan.
Pero existe una expresión todavía más hermosa relacionada con esta tradición.
Fuentes especializadas sobre las lenguas indígenas de México registran que hablantes zapotecos de esta región pueden referirse a sí mismos como bene xidza o bene xilla, expresión interpretada como “gente de la palabra de las nubes”. Su lengua puede recibir el nombre de dilla xidza o dilla xilla, es decir, “palabra de las nubes”.
Esa palabra ha viajado durante siglos.
Pasó de los antiguos pueblos zapotecos de Oaxaca hacia las tierras que actualmente forman parte de Veracruz.
Atravesó montañas.
Cruzó ríos.
Entró en las casas de Xochiapa.
Fue pronunciada por abuelos y aprendida por hijos y nietos.
Con ella se contaron historias familiares, se transmitieron conocimientos del campo y se conservaron formas particulares de entender el territorio.
Incluso la investigación lingüística contemporánea demuestra la riqueza que permanece en esa lengua. Estudios realizados directamente sobre el zapoteco de Santiago Sochiapan muestran que posee un complejo sistema de sonidos, acentos y tonos; investigaciones recientes identifican tres niveles tonales: alto, medio y bajo.
Por eso, hablar de La Palabra Zapoteca de Santiago Sochiapan significa hablar de algo que permanece vivo.
No se trata de una palabra mágica escondida en algún lugar ni de una frase secreta transmitida por antiguos sacerdotes.
La verdadera “palabra” es la lengua que una comunidad ha conservado durante generaciones.
Cuando una persona mayor habla zapoteco con sus hijos o sus nietos, continúa una historia comenzada siglos atrás.
Cuando una canción, una conversación, una oración o un relato vuelve a pronunciarse en esa lengua, las palabras de quienes fundaron aquellas comunidades vuelven a escucharse.
Santiago Sochiapan es además un territorio culturalmente diverso. Junto con el zapoteco existen comunidades donde se hablan chinanteco y mixe, resultado de la compleja historia indígena de esta zona fronteriza entre Veracruz y Oaxaca.
La tradición zapoteca también continúa manifestándose públicamente. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas ha registrado proyectos culturales relacionados con la fiesta patronal de Santiago Apóstol en Xochiapa y con el fortalecimiento de una mayordomía zapoteca dentro del municipio.
Así puede entenderse La Palabra Zapoteca de Santiago Sochiapan:
como la memoria de aquellos pobladores que llegaron desde las montañas de Oaxaca y encontraron un nuevo hogar en estas tierras; como la voz de generaciones que continuaron hablando la lengua de sus antepasados; y como una herencia que todavía puede escucharse en las comunidades del municipio.
Porque mientras alguien continúe pronunciando aquellas palabras, una parte de quienes caminaron por estas tierras siglos atrás seguirá presente.
Y quizá ahí se encuentre el verdadero significado de esta historia:
los pueblos pueden cambiar, las generaciones pueden desaparecer y las fronteras pueden transformarse, pero mientras una lengua siga siendo hablada, la memoria de un pueblo continúa teniendo voz.
Entre los siglos XVII y XVIII, familias zapotecas procedentes de la sierra de Oaxaca llegaron a esta parte del actual territorio veracruzano buscando un lugar donde establecerse. La historia municipal sitúa la fundación de Xochiapa entre 1600 y 1650 y atribuye su establecimiento a pobladores zapotecas provenientes de Oaxaca.
Aquellos primeros habitantes llevaron consigo mucho más que sus pertenencias.
Trajeron sus costumbres, sus conocimientos, sus celebraciones y, especialmente, su palabra.
El zapoteco se convirtió en una de las formas mediante las cuales las familias nombraron el territorio que encontraron. Con él hablaron de los caminos, los ríos, las plantas, los animales, las cosechas y las personas. Fue también la lengua utilizada dentro de las casas y transmitida de padres a hijos.
Con el paso de las generaciones, las palabras pronunciadas por aquellos primeros pobladores continuaron escuchándose en Xochiapa y en las comunidades cercanas.
Y así ocurrió algo extraordinario sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural:
la palabra sobrevivió.
Los años cambiaron el territorio. Llegaron nuevas generaciones, crecieron las comunidades y el español adquirió cada vez mayor presencia, pero el zapoteco continuó formando parte de la vida de muchas familias.
La importancia de esta herencia lingüística está documentada actualmente. El Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) reconoce que las variantes del zapoteco tienen presencia histórica no solamente en Oaxaca, sino también en el sur de Veracruz, específicamente en los municipios de Santiago Sochiapan y Playa Vicente.
En Santiago Sochiapan se conserva una variante vinculada con el zapoteco del oeste de Tuxtepec, identificada como diza shisa' / diza shitsa. El propio INALI cuenta con registros lingüísticos realizados directamente con hablantes de la comunidad de Santiago Sochiapan.
Pero existe una expresión todavía más hermosa relacionada con esta tradición.
Fuentes especializadas sobre las lenguas indígenas de México registran que hablantes zapotecos de esta región pueden referirse a sí mismos como bene xidza o bene xilla, expresión interpretada como “gente de la palabra de las nubes”. Su lengua puede recibir el nombre de dilla xidza o dilla xilla, es decir, “palabra de las nubes”.
Esa palabra ha viajado durante siglos.
Pasó de los antiguos pueblos zapotecos de Oaxaca hacia las tierras que actualmente forman parte de Veracruz.
Atravesó montañas.
Cruzó ríos.
Entró en las casas de Xochiapa.
Fue pronunciada por abuelos y aprendida por hijos y nietos.
Con ella se contaron historias familiares, se transmitieron conocimientos del campo y se conservaron formas particulares de entender el territorio.
Incluso la investigación lingüística contemporánea demuestra la riqueza que permanece en esa lengua. Estudios realizados directamente sobre el zapoteco de Santiago Sochiapan muestran que posee un complejo sistema de sonidos, acentos y tonos; investigaciones recientes identifican tres niveles tonales: alto, medio y bajo.
Por eso, hablar de La Palabra Zapoteca de Santiago Sochiapan significa hablar de algo que permanece vivo.
No se trata de una palabra mágica escondida en algún lugar ni de una frase secreta transmitida por antiguos sacerdotes.
La verdadera “palabra” es la lengua que una comunidad ha conservado durante generaciones.
Cuando una persona mayor habla zapoteco con sus hijos o sus nietos, continúa una historia comenzada siglos atrás.
Cuando una canción, una conversación, una oración o un relato vuelve a pronunciarse en esa lengua, las palabras de quienes fundaron aquellas comunidades vuelven a escucharse.
Santiago Sochiapan es además un territorio culturalmente diverso. Junto con el zapoteco existen comunidades donde se hablan chinanteco y mixe, resultado de la compleja historia indígena de esta zona fronteriza entre Veracruz y Oaxaca.
La tradición zapoteca también continúa manifestándose públicamente. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas ha registrado proyectos culturales relacionados con la fiesta patronal de Santiago Apóstol en Xochiapa y con el fortalecimiento de una mayordomía zapoteca dentro del municipio.
Así puede entenderse La Palabra Zapoteca de Santiago Sochiapan:
como la memoria de aquellos pobladores que llegaron desde las montañas de Oaxaca y encontraron un nuevo hogar en estas tierras; como la voz de generaciones que continuaron hablando la lengua de sus antepasados; y como una herencia que todavía puede escucharse en las comunidades del municipio.
Porque mientras alguien continúe pronunciando aquellas palabras, una parte de quienes caminaron por estas tierras siglos atrás seguirá presente.
Y quizá ahí se encuentre el verdadero significado de esta historia:
los pueblos pueden cambiar, las generaciones pueden desaparecer y las fronteras pueden transformarse, pero mientras una lengua siga siendo hablada, la memoria de un pueblo continúa teniendo voz.
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