Las Chanecas que Hacían Perder el Camino
En Acayucan se hablaba de chanecas que habitaban zonas de monte, arroyos y caminos poco transitados.
Los hombres que regresaban tarde podían sentir que el sendero conocido cambiaba: una vereda terminaba donde
no debía o el mismo árbol aparecía una y otra vez.
Cuando el caminante comenzaba a desesperarse, escuchaba risas, pasos pequeños o movimientos entre la
vegetación sin distinguir a nadie.
Los viejos decían que la chaneca estaba jugando con él y que la salida no era correr, sino serenarse, pedir
permiso y mostrar respeto al lugar.
El relato quedó como advertencia sobre el monte y como parte de la visión indígena del territorio.
Los hombres que regresaban tarde podían sentir que el sendero conocido cambiaba: una vereda terminaba donde
no debía o el mismo árbol aparecía una y otra vez.
Cuando el caminante comenzaba a desesperarse, escuchaba risas, pasos pequeños o movimientos entre la
vegetación sin distinguir a nadie.
Los viejos decían que la chaneca estaba jugando con él y que la salida no era correr, sino serenarse, pedir
permiso y mostrar respeto al lugar.
El relato quedó como advertencia sobre el monte y como parte de la visión indígena del territorio.
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