La Barranca de los Duendes
Entre las barrancas de Chinameca se hablaba de pequeños seres que aparecían al caer la tarde.
Los caminantes escuchaban risas y carreras donde no había niños, o descubrían piedras y ramas movidas sobre
el sendero.
Quienes perseguían los sonidos terminaban más adentro de la barranca y perdían la orientación.
Los mayores recomendaban continuar el camino, no responder a voces desconocidas y no aceptar llamadas
provenientes de la espesura.
La Barranca de los Duendes quedó como una de las historias sobrenaturales conservadas por la narrativa oral
chinameca.
Los caminantes escuchaban risas y carreras donde no había niños, o descubrían piedras y ramas movidas sobre
el sendero.
Quienes perseguían los sonidos terminaban más adentro de la barranca y perdían la orientación.
Los mayores recomendaban continuar el camino, no responder a voces desconocidas y no aceptar llamadas
provenientes de la espesura.
La Barranca de los Duendes quedó como una de las historias sobrenaturales conservadas por la narrativa oral
chinameca.
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