LEYENDA DE ZOZOCOLCO DE HIDALGO

Totonaca

Región Totonaca

Historias y tradición oral que forman parte de la memoria cultural de Zozocolco de Hidalgo.

Escudo de Zozocolco de HidalgoZozocolco de HidalgoVERACRUZ
La Campana De Zozocolco
TRADICIÓN ORAL

La Campana De Zozocolco

En Zozocolco de Hidalgo, entre las montañas de la región Totonaca de Veracruz, se conserva desde hace generaciones una antigua historia sobre una campana cuyo sonido era tan poderoso que podía escucharse mucho más allá de los límites del pueblo.

Cuenta la tradición que, hace mucho tiempo, los habitantes de Zozocolco decidieron mandar a fabricar una gran campana para la iglesia situada en lo alto del poblado. No querían una campana cualquiera. Su sonido debía recorrer las montañas y llegar hasta las comunidades vecinas, de manera que pudiera servir para convocar a la población y también para advertir de algún peligro o emergencia.

Para realizar aquel trabajo buscaron a un maestro herrero que conociera los secretos de la fundición. El hombre preparó cuidadosamente los metales y comenzó su labor, pero conseguir el sonido que deseaban los habitantes resultó mucho más difícil de lo esperado.

Los primeros intentos no dieron el resultado esperado. Una campana podía tener la forma correcta y, sin embargo, producir un sonido débil o desagradable. El herrero tuvo que comenzar nuevamente hasta conseguir una pieza capaz de lanzar su voz por toda la sierra.

Finalmente logró fabricar una campana extraordinaria.

Cuando fue colocada y comenzó a repicar, su sonido sorprendió a todos. El golpe del badajo producía un tañido profundo y poderoso que descendía por las laderas, atravesaba las barrancas y parecía viajar de cerro en cerro. En las poblaciones cercanas podían escucharla con claridad.

Pero detrás de aquella campana existía una historia terrible.

La tradición cuenta que mientras el herrero trabajaba con el enorme recipiente donde se encontraba el metal fundido, ocurrió una desgracia: su hija cayó accidentalmente dentro del material ardiente y perdió la vida.

Nada pudo hacerse para salvarla.

El metal continuó formando parte de la fundición y, cuando finalmente se terminó la campana, comenzó a extenderse entre los habitantes la creencia de que el alma de la joven había quedado atrapada dentro de ella.

Entonces algunos empezaron a escuchar algo extraño.

Decían que la campana no producía solamente un sonido metálico. Entre cada repique parecía escucharse una voz. Cuando el viento llevaba el tañido hacia las montañas, había quienes aseguraban distinguir el nombre de la muchacha dentro de aquella resonancia.

La campana parecía pronunciar:

**“Mongan… Mongan…”**

La historia comenzó a inquietar a la población.

Lo que inicialmente había sido motivo de orgullo empezó a convertirse en algo misterioso. Cada vez que la campana sonaba, su voz se extendía por una enorme distancia y el relato de la muchacha atrapada en el metal crecía entre quienes la escuchaban.

Pero existe además otra parte fundamental de la tradición de Zozocolco.

Se cuenta que aquel sonido extraordinariamente fuerte provocó el enojo o temor de seres capaces de transformarse y utilizar poderes sobrenaturales: los **nahuales**.

Los nahuales eran personajes profundamente ligados a las antiguas creencias de la región. Según los relatos transmitidos entre generaciones, algunas personas poseían la capacidad de adoptar la forma de determinados animales y realizar acciones imposibles para cualquier ser humano común.

La fuerza de un solo nahual, sin embargo, no era suficiente para acabar con aquella enorme campana.

Por eso varios de ellos decidieron reunirse.

Una noche, mientras Zozocolco permanecía cubierto por la oscuridad de las montañas, los nahuales juntaron sus fuerzas sobrenaturales para derribarla.

Entonces el tiempo cambió.

Fuertes vientos comenzaron a recorrer el pueblo. Las nubes cubrieron el cielo y una tormenta cayó sobre Zozocolco. La lluvia golpeaba los tejados mientras las ráfagas parecían sacudir todo lo que encontraban a su paso.

En medio de aquella tormenta ocurrió lo que parecía imposible.

La gran campana cayó.

Al amanecer, los habitantes descubrieron que aquella pieza cuyo sonido había dominado durante tanto tiempo las montañas había sido derribada.

Para muchos no había duda: los nahuales habían cumplido su propósito.

Con los años desaparecieron quienes afirmaban haber presenciado aquellos acontecimientos, pero la historia continuó pasando de padres a hijos y de abuelos a nietos.

Así permaneció viva la memoria de aquella campana extraordinaria que podía escucharse desde poblaciones lejanas, de la joven que habría quedado atrapada durante su fundición y de los nahuales que, uniendo sus poderes durante una noche de tormenta, consiguieron derribarla.

Todavía hoy, la historia forma parte de las leyendas asociadas con Zozocolco de Hidalgo y con la tradición oral de la región Totonaca.

Y entre sus distintas versiones permanece el detalle más inquietante: que cuando aquella campana todavía dominaba las montañas con su poderoso sonido, quienes prestaban suficiente atención aseguraban que no escuchaban únicamente el golpe del metal.

Dentro de su resonancia parecía viajar una voz.

La voz de la muchacha que, según la leyenda, nunca consiguió abandonar la campana.
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