La Poza Del Diablo
# La Poza del Diablo
Entre las montañas de Zozocolco de Hidalgo, en el corazón del Totonacapan veracruzano, existe un paraje rodeado de vegetación donde el agua desciende entre las rocas hasta formar una profunda poza de aguas cristalinas. Su belleza contrasta con el nombre que los habitantes le han dado desde hace generaciones: **La Poza del Diablo**.
Cuenta la tradición que la historia de este lugar comenzó hace mucho tiempo, cuando los pueblos totonacos habitaban estas montañas y mantenían una estrecha relación con los ríos, los árboles, las cuevas y los cerros que formaban parte de su territorio.
En aquellos tiempos vivía en la región un joven totonaco conocido por su valentía. Conocía perfectamente los caminos de la sierra y acostumbraba internarse entre la vegetación para realizar sus labores.
Cierto día llegó hasta un sitio apartado donde escuchó el sonido del agua entre las piedras.
Al acercarse encontró un lugar de extraordinaria belleza. El agua descendía entre las rocas y la vegetación crecía abundantemente alrededor. Parecía un rincón escondido de la montaña.
Pero el joven pronto comprendió que no estaba solo.
Frente a él apareció un extraño personaje.
Al principio aquel desconocido trató de ganarse su confianza. Le habló de riquezas y poder. Le aseguró que podía entregarle cuanto quisiera si aceptaba ponerse a su servicio.
El muchacho desconfió.
Entonces el desconocido le hizo una propuesta todavía más inquietante: todo aquello podría pertenecerle a cambio de entregarle su alma.
El joven comprendió finalmente quién se encontraba frente a él.
Era el Diablo.
Según una de las versiones de la tradición, aquel ser deseaba dominar esas tierras y buscaba someter al joven totonaco. Pero el muchacho se negó a aceptar el trato y decidió enfrentarlo.
El Diablo volvió a tentarlo.
Le prometió riquezas, poder y todo aquello que pudiera imaginar. Sin embargo, ninguna de sus promesas consiguió convencerlo.
El joven permaneció firme.
Entonces comenzó el enfrentamiento.
La tranquilidad de la montaña desapareció. El viento se levantó entre los árboles y el ruido del agua se hizo más intenso. El joven luchó con todas sus fuerzas para impedir que aquel ser consiguiera su propósito.
La batalla fue difícil.
El Diablo parecía tener una fuerza imposible de vencer, pero el totonaco no retrocedió. Defendía no solamente su vida, sino también la tierra de su pueblo.
Finalmente, después de una larga lucha, consiguió derrotarlo.
El maligno desapareció entre las rocas y la vegetación.
La tradición cuenta que aquel enfrentamiento quedó marcado para siempre en el paisaje y que en ese sitio se formó la cascada y la profunda poza que todavía existe en Zozocolco.
Desde entonces comenzó a ser conocida como **La Poza del Diablo**.
Pero la historia no terminó con aquella batalla.
Con el paso de las generaciones surgieron relatos sobre cosas extrañas que ocurrían alrededor de sus aguas.
Algunas personas comenzaron a decir que la extraordinaria belleza de la poza escondía un peligro. Según esas historias, el Diablo nunca abandonó completamente aquel lugar y continuaba intentando atraer a quienes se acercaban demasiado.
Las aguas transparentes parecían tranquilas desde la superficie, pero debajo de ellas se encontraba una profundidad considerable.
Por eso los habitantes aprendieron a respetar la poza.
También comenzaron a circular relatos acerca de sonidos inexplicables durante la noche.
Cuando la oscuridad cubría las montañas y solamente permanecía el ruido constante del agua, algunos vecinos aseguraban escuchar tambores provenientes de las inmediaciones de la poza.
Los golpes aparecían en medio del silencio.
Nadie podía explicar quién tocaba aquellos tambores ni de dónde procedían.
Había quienes preferían mantenerse alejados del lugar después de caer la noche.
Otros habitantes llegaron a contar historias sobre una misteriosa presencia que rondaba las aguas. Entre esos relatos se menciona incluso la aparición de un extraño ser de aspecto dorado que habría sido observado cerca de la poza.
Así, generación tras generación, la belleza natural del lugar terminó mezclándose con el misterio.
Durante el día, el agua cristalina, las enormes rocas y la vegetación hacen que el paraje parezca completamente tranquilo. Pero la antigua leyenda recuerda que, según la tradición, allí ocurrió una lucha entre un joven totonaco y una fuerza sobrenatural.
Por eso quienes conocen las historias de Zozocolco dicen que la Poza del Diablo debe contemplarse con respeto.
Porque detrás de la belleza de sus aguas permanece la memoria de aquel joven que se negó a entregar su alma y enfrentó al Diablo para impedir que se apoderara de su tierra.
Y cuando cae la noche sobre las montañas del Totonacapan, todavía hay quienes recuerdan las historias de los antiguos y escuchan con atención.
Dicen que, algunas noches, entre el estruendo de la cascada y los sonidos de la selva, pueden volver a escucharse tambores en la oscuridad.
Como si algo, oculto entre las aguas y las piedras de la Poza del Diablo, todavía permaneciera allí.
Entre las montañas de Zozocolco de Hidalgo, en el corazón del Totonacapan veracruzano, existe un paraje rodeado de vegetación donde el agua desciende entre las rocas hasta formar una profunda poza de aguas cristalinas. Su belleza contrasta con el nombre que los habitantes le han dado desde hace generaciones: **La Poza del Diablo**.
Cuenta la tradición que la historia de este lugar comenzó hace mucho tiempo, cuando los pueblos totonacos habitaban estas montañas y mantenían una estrecha relación con los ríos, los árboles, las cuevas y los cerros que formaban parte de su territorio.
En aquellos tiempos vivía en la región un joven totonaco conocido por su valentía. Conocía perfectamente los caminos de la sierra y acostumbraba internarse entre la vegetación para realizar sus labores.
Cierto día llegó hasta un sitio apartado donde escuchó el sonido del agua entre las piedras.
Al acercarse encontró un lugar de extraordinaria belleza. El agua descendía entre las rocas y la vegetación crecía abundantemente alrededor. Parecía un rincón escondido de la montaña.
Pero el joven pronto comprendió que no estaba solo.
Frente a él apareció un extraño personaje.
Al principio aquel desconocido trató de ganarse su confianza. Le habló de riquezas y poder. Le aseguró que podía entregarle cuanto quisiera si aceptaba ponerse a su servicio.
El muchacho desconfió.
Entonces el desconocido le hizo una propuesta todavía más inquietante: todo aquello podría pertenecerle a cambio de entregarle su alma.
El joven comprendió finalmente quién se encontraba frente a él.
Era el Diablo.
Según una de las versiones de la tradición, aquel ser deseaba dominar esas tierras y buscaba someter al joven totonaco. Pero el muchacho se negó a aceptar el trato y decidió enfrentarlo.
El Diablo volvió a tentarlo.
Le prometió riquezas, poder y todo aquello que pudiera imaginar. Sin embargo, ninguna de sus promesas consiguió convencerlo.
El joven permaneció firme.
Entonces comenzó el enfrentamiento.
La tranquilidad de la montaña desapareció. El viento se levantó entre los árboles y el ruido del agua se hizo más intenso. El joven luchó con todas sus fuerzas para impedir que aquel ser consiguiera su propósito.
La batalla fue difícil.
El Diablo parecía tener una fuerza imposible de vencer, pero el totonaco no retrocedió. Defendía no solamente su vida, sino también la tierra de su pueblo.
Finalmente, después de una larga lucha, consiguió derrotarlo.
El maligno desapareció entre las rocas y la vegetación.
La tradición cuenta que aquel enfrentamiento quedó marcado para siempre en el paisaje y que en ese sitio se formó la cascada y la profunda poza que todavía existe en Zozocolco.
Desde entonces comenzó a ser conocida como **La Poza del Diablo**.
Pero la historia no terminó con aquella batalla.
Con el paso de las generaciones surgieron relatos sobre cosas extrañas que ocurrían alrededor de sus aguas.
Algunas personas comenzaron a decir que la extraordinaria belleza de la poza escondía un peligro. Según esas historias, el Diablo nunca abandonó completamente aquel lugar y continuaba intentando atraer a quienes se acercaban demasiado.
Las aguas transparentes parecían tranquilas desde la superficie, pero debajo de ellas se encontraba una profundidad considerable.
Por eso los habitantes aprendieron a respetar la poza.
También comenzaron a circular relatos acerca de sonidos inexplicables durante la noche.
Cuando la oscuridad cubría las montañas y solamente permanecía el ruido constante del agua, algunos vecinos aseguraban escuchar tambores provenientes de las inmediaciones de la poza.
Los golpes aparecían en medio del silencio.
Nadie podía explicar quién tocaba aquellos tambores ni de dónde procedían.
Había quienes preferían mantenerse alejados del lugar después de caer la noche.
Otros habitantes llegaron a contar historias sobre una misteriosa presencia que rondaba las aguas. Entre esos relatos se menciona incluso la aparición de un extraño ser de aspecto dorado que habría sido observado cerca de la poza.
Así, generación tras generación, la belleza natural del lugar terminó mezclándose con el misterio.
Durante el día, el agua cristalina, las enormes rocas y la vegetación hacen que el paraje parezca completamente tranquilo. Pero la antigua leyenda recuerda que, según la tradición, allí ocurrió una lucha entre un joven totonaco y una fuerza sobrenatural.
Por eso quienes conocen las historias de Zozocolco dicen que la Poza del Diablo debe contemplarse con respeto.
Porque detrás de la belleza de sus aguas permanece la memoria de aquel joven que se negó a entregar su alma y enfrentó al Diablo para impedir que se apoderara de su tierra.
Y cuando cae la noche sobre las montañas del Totonacapan, todavía hay quienes recuerdan las historias de los antiguos y escuchan con atención.
Dicen que, algunas noches, entre el estruendo de la cascada y los sonidos de la selva, pueden volver a escucharse tambores en la oscuridad.
Como si algo, oculto entre las aguas y las piedras de la Poza del Diablo, todavía permaneciera allí.
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